Publicado en Hijas, Poesía, Un poco de Fe

Hogar Dulce Hogar

Lléname de tu calor que mi corazón está frío, gruesos muros de concreto resguardando de la intemperie a tu familia.

Llena mi vacío,
el espacio,
mis rincones…

 

Fluyen las sonrisas entre juegos y juguetes, en la magia de saltar sobre la cama.

Llena mis paredes,
mis ventanas,
de rayones,
de miradas,
manitas pintadas en el corazón.

 

Dulce descanso que tengo en tu compañía, cuando se encierran todos para jugar escondidas,
cuando se duerme los niños junto a la escalera,
cuando llueve sin tregua,
cuando pasas la noche en vela,
porque la esperas,
porque te esperan.

 

Hogar dulce hogar,
para descansar tus penas,
para compartir en familia,
para cambiar la cara que te pesa tras el día.

 

Hogar dulce hogar que lo creas mientras crías,
que te queda cuando todos se marchan para hacer sus vidas.

 

Lléname de tu calor que mi corazón está frío, llénate de mi calor cuando sientas frío.

 

Jag

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Publicado en Hijas, Poesía, Un poco de Fe

Hogar

Las risas y el llanto conquistaron cada espacio como un extenso prado que se funde en los cimientos dando vida al frio concreto. Las huellas crecieron desde sus torpes pasos hasta hacer camino en su propio sendero.

Cada espacio tiene un nombre.
Cada espacio cuenta una historia.
Cada espacio es un aliento para comenzar de nuevo.

Un hogar lo tiene todo, la felicidad por estar juntos, las manos que brindan apoyo, los hombros que consuelan, el tinto que disuade al cansancio y prolonga la compañía. Nada se parece a estar en casa.

Cada espacio tiene sueños.
Cada espacio cumple metas.

Cada espacio una semilla: Dos mujeres con talante que no han dejado de ser niñas. Un silencio que espera en el tiempo.  Una ausencia teñida en las paredes.

Jag

Publicado en Hijas, Poesía

Tres pilares

Tres pilares sosteniendo un sueño. Anclados al amor que los mantiene juntos en perfecto equilibrio. Equidistantes como astros que se atraen y repelen por su fuerza intrínseca.

Mundos llenos de vida que irradian su fuerza interna para avivar sus propias esperanzas. Mundos que elevan plegarias de fe y constancia. Mundos se entretejen en un sólo objetivo para hacerse grandes y robustos ante el vaivén del tiempo.

Tres pilares que crecieron bajo el poder del Altísimo y construyeron un universo propio que amalgama su resplandor con luz divina. Un sempiterno juego de luces y sombras dispersándose a través de la inmensidad.



Jag

Publicado en Hijas, Poesía

Tommy

De profundo negro son sus ojos, brillantes y alerta. Largas orejas, que oscilan al vaivén de sus pasos, desprendiendo alegría. Mirada altiva y rubios rizos al viento. Así era Tommy desde pequeño. Siempre buscando juego, halando las cobijas recién tendidas y correteando palomas en el parque.

Tommy se perdió en la última despedida… se quedó en casa junto a mí. Junto a los peluches de niña, las fotos borrosas, la ropa vieja, la cómoda y una cama sencilla… nos quedamos en mutua compañía con todas las cosas que ya sobraban en la vida de mi hija o que no tenían cabida en su nuevo apartamento.

Siempre despierta antes de las cinco, ansioso con ganas de salir a estirar sus patas y brincar como conejo. Con su ladrido nos despertaba hasta salir al jardín. Aún despierta a las cinco, pero aprendió a latir, aprendió mesura para no incomodar a un viejo como yo.

En las tardes lo acompaña soledad y en las noches somos tres. Nos acostumbramos al paseo silencioso, sin necesidad de collar, ninguno pretende escapar del otro… al fin y al cabo somos las últimas cosas viejas por aquí.

Su mirada, ahora entristecida, disputa con las ondeantes orejas que rebosan de alegría cuando me ve llegar. Me espera en el alféizar sin derrochar euforia, espero verlo al dar vuelta a la esquina, sin demostrar mucha alegría.

Tommy guarda silencio cuando me acompaña en la sala, se apoya junto a mis pies y disimulado mueve su cuerpecito para recostarse plácido mientras termino el café. Otras veces le puede más la curiosidad y, escurridizo, busca apoyarse en mi regazo hasta meter su trompa entre las páginas del libro y yo.

…Tommy se acostumbró a mí o yo me acostumbré a él… el caso es que mi mano siempre busca su cabeza para sentirme menos solo y él busca mi mano para recordárnoslo.
Jag
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¡Realmente soy un mal padre!

Soñaste un hombre hecho a mi medida y te recordé cuán imperfecto soy.

 

     Por desvelarme cuando estabas en el vientre de tu madre y arrullarte con canciones que hablaban de ti. Por velar las noches en las cuales el temor te invadía o aquellas donde la tristeza del desamor llenaba tu alma. Por arrullarte en mi pecho hasta verte dormir.

     Por consentir pataletas y mimarte demasiado. Por ser tu marioneta cuando jugabas, ¡no sé qué cosas!, o ser tu lienzo cuando conociste el maquillaje. Un mal padre que te hizo princesa del reino que habías creado y cumplió tus caprichos y ¡pagó las consecuencias!

     ¡No tengo excusa!, ¡soy un mal padre!, ya que te llevé en hombros aún cuando eras mucho peso para mí, te tomé de la mano camino al colegio y te hice ruborizar en presencia de tus amigas al despedirme de beso y persignarte. Por hacer promesas que no entendías y hablar de mil extremos que nunca sucedieron. Por tratarte como amiga y dejarte gobernar por un día.

     Un mal padre que se preocupó por saber dónde y con quién estabas y te espero hasta tarde cuando no llamabas. Que guardaba silencio cuando nuestras actitudes lastimaban y se adaptó a los cambios que traía tu crecer cada mañana.

     Aún cuando te aconsejé en el amor y moría de envidia, juzgué a tus pretendientes con un ras que no darían; fui tu paño de lágrimas, fingiendo ser de acero, incluso, cuando estaba roto por dentro.

     …¡Realmente soy un mal padre! Justifiqué mi amor a expensas de una discusión. Creé tormentas en un vaso de agua. ¡Grité! con desespero cuando veías inocente el mundo. Te dejé caer para fortalecer tu estima y esquivé mis lágrimas al sentirte herida. Por ponerle el pecho a las tormentas y mantenerte resguardada.

          …Por verte siempre como niña aún cuando ya eras abuela.

Jag