Publicado en Un poco de Fe

El hombre del espejo

 

No se puede pretender cambiar a alguien, ni que lo cambien a uno, pero si dejamos el orgullo podemos empezar por cambiar nosotros mismos.

Sin presiones, adaptándonos, confiados en un mejor mañana. Conscientes de la importancia de estar juntos. Dejando a un lado el egoísmo y la competencia, construyendo un camino donde puedan pasar otros, al lado, en equidad.

Puede que no veamos el cambio, son las diferencias sutiles las que abren espacios y los detalles pequeños pesan más que elaboradas actitudes.

En un principio notaremos que el sacrificio parece en vano y desfallecer es el mejor atajo; cada día de buenos propósitos parece un lastre personal que nos arrastra, y a los nuestros, pero al final del día sentiremos como ese atrevimiento ha fortalecido nuestra alma.

Cada nuevo día será más llevadero porque sin darnos cuenta seremos muchos construyendo el mismo camino y el esfuerzo mancomunado hacía los mismos objetivos es una fuerza irrefrenable.

Cada día que mejoramos, así sea un poco, cambiamos nuestro mundo; pero mejor que eso, nuestro entorno, nuestras relaciones próximas. Cada día de esfuerzo nos hace mejores a los ojos de Dios.

Yo por mi parte pretendo cambiar poco a poco y cada día. No tengo afán en cambiar el mundo.

Jag

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Publicado en Poesía, Un poco de Fe

A mi madre

 

 

“Es la muerte la enamorada que causa rubor a mis mejillas, con ansía de tenerla pronto y temor al tenerla cerca”

 

 

Fueron muchos los días que vi nacer y nunca de ellos me apropié, seguí expectante sin tomar la rienda, cómplice del fortuito destino que juega conmigo. Hoy me falta el aire y mi pulso no coordina lo que mi mente discierne.

Las palabras fluyen en desorden… nada es, todo parece. Y esta maldita opresión en el pecho… me recuerda que allí hubo algo antes. Y mis sentimientos, ni siquiera ellos son valientes para expresarse, se solapan unos a otros desvariando cada segundo… y aún creyendo qué realmente en mí todavía habiten. No sé si es el miedo, la ira, la duda, la tristeza, la rabia, la negación, la ¡de lo que sea!

Son muchas sensaciones las que fluyen por mi cuerpo y alma… contrariándome… no se que son pero sé que están, despertando mi piel a la inquietud, calcinando mi mente con palabras de fuego. Amarrándome el corazón a todo o nada…

Cuántas cosas te he dejado de brindar y cuántas penas grabe en tu mente, cómo quisiera que hoy no pesara mi alma y la culpa no apresara mi corazón y mi mente. Todo pasa ante mis ojos, espectadores inermes que hoy despiertan, se desenmarañan sentimientos dormidos. ¡Tanto que di de lo innecesario! y ¡tanto que me guardé!… cosas que por mi ceguera creí insignificantes… guardando sentimientos para mañana, ¡tonto porfiado de tener mañana!…

La vida se nos pasa aguardando buenos momentos, que pareciera no hubieran llegado; la vida nos recorre como el rio a la ribera y como él no repite su cauce dos veces la misma gota.  Y deja en claro que nunca es tarde para recibir todo lo que merecemos, ahora es el comienzo de la vida, ¿porqué esperar a su término para considerar lo bien o mal que la hemos vivido?, ¿porqué esperar las últimas horas para disfrutar de los placeres que hemos dejado a un lado?

 

Jag

Publicado en Letras muertas, Poesía

Hicimos el Amor

Hicimos el amor a plenitud de los sentidos, diciendo las frases que dicta el corazón, oyendo sólo lo que quiere escuchar el alma.

Hicimos el amor entrelazando nuestras manos, sin rozar siquiera nuestros labios. Contemplándonos ojos adentro, espejos del alma desnuda que habla su propio idioma.

Fundimos nuestra pasión como notas creando melodía. Palabras de amor que lo dicen todo y nos encienden, avivando el alma.

Me excitas.

Me amas.

Seduces mi piel con tus palabras.

Hicimos el amor. Vibró tu vientre y transpiró tu pecho.

Caíste en el edén de tus placeres hasta romper el contacto cerrando los ojos, disfrutando tu orgasmo.

Hicimos el amor hasta quedar en silencio, sin desnudar nuestros cuerpos… porque así es el amor cuando se ama desde el alma.

Jag

Publicado en Poesía, Un poco de Fe

Pasos

Hace pocos años los vi correr por este mismo sendero, se escondían unos de otros hasta llegada la tarde, luego corrían a casa con sus pantalones arremangados y las camisas por fuera.

A lo único que le temían era a mamá.
Le hacían más caso al latir del perro que al fuete del viejo.

Se dejaban llevar por el sonido del viento entre la maleza y no quedaba fruta sin probar.

Cuando volvieron; llevaban botas y habían dejado su infancia en el lodazal de sangre que dejó la última incursión.

Ahora, miden sus pasos entre las minas y se esconden todo el día, le temen a viento y al latir del perro, jugar a las escondidas les regala un minuto más de vida.

…La luna palidece tras las ráfagas de fuego. Los árboles dejan caer sus ramas en señal de rendición. El río se tiñe con sabia de inocentes y la tierra se abona de tiernos cadáveres.

Jag

Publicado en Letras muertas, Poesía, Un poco de Fe

Perenne

Me quedé plantado, mis pies echaron raíces. Largas y gruesas raíces cocidas al suelo; profundas, buscando vida millas abajo.

Me quedé plantado. Burda corteza, mancillada por los años. Iniciales borrosas de antiguos amores grabados a puñal hasta fluir la sabia, lágrimas de alma para promesas rotas.

Me quedé plantado, sobraron brazos para hacerse ramas. Ramas enarboladas, unas implorando al cielo, otras guardando abrazos, otras tantas diciendo adiós. Todas vestidas de otoño y con la forma del viento.

Me quedé plantado, árbol de siempre. Antes de tu tiempo, posterior a tu olvido. Dando fruto después de la sequía, albergando vida en épocas difíciles, de cara al viento para proteger la mansa paloma que busca nido o la cruel rapiña que clava sus garras para lanzarse al viento.

Me quedé plantado…

Jag.