Publicado en Poesía, Un poco de Fe

Esperanza


Cae la noche y trae con ella el temor que invade vuestras almas. Transcurre silenciosa escudriñando en vuestras mentes los sórdidos recuerdos, las penas, los males, los oscuros secretos.

Lenta transcurre…
Lento tormento…

No es la noche quien fustiga, ni está en ella vuestro lamento, son vuestros propios demonios que se alimentan de vuestros tímidos intentos y falsos esfuerzos.

Estrecho camino en el cual te arrastras.
Cabizbaja mirada.
Manos cansadas…

¡Pueda vuestra alma soportar otra noche!

¿Acaso pretendeis no aliviar vuestra carga?

¿Puede más vuestro orgullo que vuestras esperanzas?

Lenta es la noche cuando vuestra alma está ciega; perenne es, para alimentar vuestros demonios.
Lenta es la noche que no os dará tregua.

¿Puede vuestra alma soportar otra noche?
¿Puedes no blandir en vano vuestro corazón?

Jag


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Publicado en Letras muertas, Poesía

Olvido

Pretender borrar de mi pasado todos tus recuerdos es arrancar de mi piel mis más íntimos momento. Eras de mi vida el vívido reflejo de andar entre ángeles y pertenecer al cielo.

Olvido fue, mi existir antes de ti. Olvido es la ausencia que dejó tu partida. Amada mía, sé que me escuchas en mis noches de lamento, sé que me escuchas al despertar el día, ese ínfimo momento que me siento lúcido al abandonar las sombras y observar el cielo.

Mi cielo que me dio la frescura de tus besos, donde no hubo más que la fidelidad de mis actos y cuidado de tu amor. Te di todo de mi amor humano en compensación de tu divino amor.

No puedo darte olvido porque mi vida es con tu llegada y fue con tu fallido “Adiós”. No susurres ese adiós a mis oídos, que mi mente no razona; no me muestres con el día que la vida continúa.

Era el cielo tu naturaleza y siempre le pertenecías.

Fue mi error amar un ángel, porque no es tu muerte nuestra ausencia, sino que ¡yo desperté a la vida!

…Y me quedé sin escuchar de tu voz, el adiós.

Jag

Publicado en Letras muertas, Poesía

El escape perfecto

… In memóriam

Moriré mortal,
es decir habiendo pasado
por este mundo
sin romperlo ni mancharlo.

María Mercedes Carranza
Bogotá, mayo 24 de 1945 – julio 11 de 2003


Quien fuera un alma desnuda, huyendo de sí misma, halló en el sueño autoinfligido su propio camino, para deshacerse de la mano que ordenaba en fila las esquivas palabras que rondaban su mente.

Su eterno compañero no pudo recordarle, en la mañana, la soledad de su alma ni las arrugas del rostro que ocultaban la lozanía de su briosa alma.

Huyó en la noche sin sus mejores prendas.

Por fin desligó las virtudes que llevaba a cuestas y las risas fingidas y los buenos modales.

Ya había previsto todo: las últimas líneas por leer, las últimas por escribir, la calle de escape con bruma perfecta, el vaso con suficiente whisky para encauzar las píldoras y el silencio a la palabra “Yo“.

Jag