Publicado en Letras muertas, Poesía

Abrió sus ojos y no los encegueció la luz.

Dolor.

Harpía que desgarra y atormenta los últimos vestigios de mi condenada alma. Fuego que consume el oxígeno que me sostiene.

Soledad.

Robusta camisa de madera que me aísla de todos y me consume. Un tiempo conmigo mismo… sin reproches. Aceptando sin trabas mi destino.

Nostalgia.

Umbral que separa el anhelo indeterminado del tiempo perdido y mi alma errática sin tiempo.

Silencio.

Mundo agitado que sigue su marcha y mi casa estática en el tiempo. Roca errante de cantos alisados que no tiene huella de su pasado.

Luz.

Extenso corredor con instantáneas de mi vida, con rostros que abandono en pasmosa sobriedad y otros que habían partido antes y me acogen en total serenidad.

Tranquilidad.

Libertad de preocupaciones, una conciencia sin remordimiento. No importa el lado al cual se inclina la balanza, fue una vida para hacer lo correcto.

Paz.

Esfinge que se levanta en el horizonte, sin meta que la equipare. Bastión que impugna vanos sacrificios y marca el fin de la jornada.

 

Jag.

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Autor:

Soy un pasajero más de este mundo de información, adicto a las palabras y a la búsqueda incesante de información. Un hobby que me convierte poco a poco en un bit más...

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