Publicado en Letras muertas, Poesía

Partir

Ayer pasé por aquí, por el filo hediondo de la vida.
El umbral obsceno de las falacias de este mundo y del otro.

Ayer pasé. Con el olor a vida exudando en mi piel, con el miedo convertido en orgullo, derrochando mi paso con alevosía antes del tiempo en que cumpla mi inaplazable cita.

…Y me vieron a los ojos, cada uno desde su mórbido lugar, lejos de sí.
…Y no dijeron más allá de su vacío, de su pálido blanco.
…Y disfrutaron de mi aroma, vivo y tibio, halo de tibieza en su gélido recinto.

Seres silenciosos de mirada pasiva, que cuentan su historia, sin pudor alguno, en cada pliegue de su rostro; en el despojo que dejaron cuando se liberó su alma.

Hoy estoy aquí, en el filo hediondo de la muerte, en el umbral de lo desconocido. Atrás quedaron mis angustias y mi incesante esfuerzo por sentirme vivo. Hoy estoy aquí junto al saco de huesos que maltraté sin compasión, con la mirada impávida y pérdida donde todo trasciende.

Jag.

Publicado en Poesía

Muerte.

Jugando a la golosa con piedras talladas, saltando de cuadro en cuadro para alcanzar el cielo… o el infierno. Allí sólo vale como hayas jugado, no importa si el mundo conoció tus logros o descubrió tus engaños.

Es el final del camino que desecha tu cuerpo y reclama tu alma. A un paso del abismo que desliga la travesía con el eterno descanso. Donde no pesan las cargas y entregas las cuentas.

Es el último rincón del mundo, donde deberían estar los sueños construidos, donde estarían los que partieron primero. Ese lugar que nos prometieron para ser uno con el universo.

De espaldas al mundo, de frente al vacío. El último paso al borde del abismo. Ya no importa si temes darlo, sí llegaste por inercia, es el único paso que tienes seguro.

Jag.

Publicado en Letras muertas, Poesía

Abrió sus ojos y no los encegueció la luz.

Dolor.

Harpía que desgarra y atormenta los últimos vestigios de mi condenada alma. Fuego que consume el oxígeno que me sostiene.

Soledad.

Robusta camisa de madera que me aísla de todos y me consume. Un tiempo conmigo mismo… sin reproches. Aceptando sin trabas mi destino.

Nostalgia.

Umbral que separa el anhelo indeterminado del tiempo perdido y mi alma errática sin tiempo.

Silencio.

Mundo agitado que sigue su marcha y mi casa estática en el tiempo. Roca errante de cantos alisados que no tiene huella de su pasado.

Luz.

Extenso corredor con instantáneas de mi vida, con rostros que abandono en pasmosa sobriedad y otros que habían partido antes y me acogen en total serenidad.

Tranquilidad.

Libertad de preocupaciones, una conciencia sin remordimiento. No importa el lado al cual se inclina la balanza, fue una vida para hacer lo correcto.

Paz.

Esfinge que se levanta en el horizonte, sin meta que la equipare. Bastión que impugna vanos sacrificios y marca el fin de la jornada.

 

Jag.

Publicado en Letras muertas, Un poco de Fe

Morir

El sol se abre espacio entre la niebla matutina haciendo con sus rayos centellas infinitas que bailan suavemente hasta despertar el día. La brisa del viento se encarga de las notas murmurando entre los árboles, silbando a ras de piso.

Aparto de mi rostro el rocío de la noche, mientras mi cuerpo tirita de frío. Aún siguen mis ojos fijos en la distancia, vieron pasar las estrellas y ahora se pierden en el azul infinito.

Morir nunca pudo haber sido tan bonito…

Queda en mi mano un poco de tu tibio y en mis labios rezagos de un beso. Un recuerdo lejano que se disuelve en la bruma mientras mi corazón se inunda de paz; mi alma ahora es parte de este mundo.

Todo es silencio mientras me das el último beso, soltando mi mano te apartas de mi lecho. Sin detener tus lágrimas ni el sollozo de tu alma. Cierras mis ojos privándome de ti.

Morir nunca fue tan sereno…

La paz se extiende por doquier, disipando la niebla, aclarando el sol; ya no hay frío, no existe dolor, ni siquiera tu ausencia es ausencia porque tu voz es mi viento.

Me quedo en un mundo que desconoce el tiempo, aguardando tu llegada. Seguro de todo sin temor a nada.

Morir es nacer de nuevo.

Jag.