Publicado en Hijas, Letras muertas, Poesía

Águilas.

Entiendo tu alma libre que atraviesa el cielo cual saeta, con la fuerza de tus alas desplazando el aire con violencia para tenerte lejos, más arriba de los sueños, de la vida terrena.

Tu rostro firme de cara al viento, tu pecho que inhala oxígeno para alimentar tu fuerza y exhala ímpetu con cada aleteo. Y es el cielo tu lienzo donde trazas tu destino, sin temor a las tormentas, sin evitar los huracanes. Desgarrando las nubes negras a tu paso. En busca del sol.

Abandonas el brazo donde te aferrabas cuando carecían de brío tus alas, donde volvías cuando la jornada te extenuaba, el brazo donde enterraste tus garras para asirte con firmeza y volar más alto.

No pude más que enseñarte del mundo porque mis pies sólo saben de tierra, no pude más que señalarte el cielo porque también era mi anhelo. No pude seguir tu ruta porque vuelas hacia el sol y quemé mis ojos.

Escucho el viento bajo tus alas y siento el aire despedido hacia mi. Con mi alma herida imagino seguir tu vuelo, ver el mundo a través de ti, creyendo haberte enseñado todo lo necesario. Creído de enseñarte lo correcto.

Jag.

Jag.

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Publicado en Letras muertas

Escribir

Escribir parece una ablación cerebral de donde se extrae el néctar mismo del pensamiento, que a falta de símil, en este desahuciado mundo, encuentra en las letras las combinaciones más exactas para darse a entender.

…Y aún así; es incomprensible.

Escribir es parir al mundo verdades y blasfemias, discernimiento o caos. Es la catarsis misma del alma que trata de sintetizar inconmensurables sentimientos en los ínfimos espacios libres del corazón y la mente.

…Y aún así, no condensa todo.

Escribir parece la forma de digerir el mundo a nuestro acomodo y dar a los demás sopa de sus propias letras.

Jag

Publicado en Letras muertas, Poesía

Mi querida Santafé de Bogotá.

Se tolda tu cielo de nubes grises, como gris es el alma cuando la pena acecha.

Las gotas de lluvia iniciaron el día, mucho antes que el trinar de las aves. La brisa danza junto con ellas, de arriba abajo, de abajo arriba, hasta colarlas ligeras por entre el vano de mi ventana, inundando mi habitación del trémulo silencio que distingue el alba de mi despertar.

El día es un amanecer eterno que nunca amanece, una tarde gris que no anochece. El día es olor a tierra mojada, manos frías y humedad en el rostro, el día es sempiterna lágrima que no abandona el ápice que la vio nacer.

La niebla nos aparta del mundo haciendo de caminar una marcha presurosa a ningún lugar; cada paso frunce nuestros hombros y agacha la cabeza. Se hace bruma nuestra mente aislándonos de nosotros mismos. …Así son los días que pasan iguales en mi querida Santafé de Bogotá, la ciudad gris que tiene mil rostros desconocidos. Rostros ocultos tras la niebla, tras la bufanda. Seres distantes egoístas con su calor.

Mi querida Santafé de Bogotá de calles y callejones por donde se cuela la vida al calor de un pucho, de almas erráticas que no se amilanan con el clima porque es el mismo de cada una.

…Mi querida Santafé de Bogotá de vientos y quebradas que seducen las faldas de sus cerros y se esparcen recias por toda la sabana llevando vida y asentando el paso.

…Mi querida Bogotá que distraída… amanece azul en todo su cielo como alimentándonos de locura, que corona el sol hasta cegarnos, que nos embelesa por un segundo… un segundo que nos recuerda porque la amamos.

Jag

Publicado en Letras muertas, Poesía

Mujer.

Por un segundo, al llegar la noche, dejas de lado tu rol profesional, tu afán de madre, tu papel de esposa, la fragilidad de niña, tu vanidad; y te recuestas boca arriba, en el silencio, en la oscuridad.

Cuando ya todo el mundo duerme, hablas con Dios y contigo. Sanas tus heridas y te das consuelo, reavivas tu fuerza y te perdonas por dejarte a un lado. Haces del silencio el grito desesperado de tu alma, mientras muerdes tus labios y ahogas tus suspiros.

Refundes la mirada en cada recoveco de tu cuarto buscando un pretexto para distraer tu mente y como siempre terminas con la mirada fija en el rostro de tu amado; por los años vividos, por la juventud entregada, por las promesas rotas… porque siempre encuentras buenos recuerdos… porque siempre le amas.

Y pasa fugaz la noche sin que hayas descansado, amaneces primero que el mundo y sin chistar palabra asumes de nuevo tu rol de madre. Dispones de tus hijos primero que todo, sin descuidar un segundo su atención; rito sagrado de cada mañana que culmina con el beso en la mejilla, un fuerte abrazo y la bendición.

No terminas el Amén cuando te ocupas de tu esposo, con la dedicación diaria de los últimos años, pero con menos palabras que siempre. Nunca has fallado con su pulcritud que es de admirar en la oficina. Te despides en la puerta con un beso como si fuera el último y lo observas hasta perderse, añorando una  mirada cómplice de tus sentimientos, pero otra vez será.

Y como arte de magia se hace la casa y estás en la oficina. Organizándolo todo, pendiente del mundo, sin olvidar por un segundo tu hogar y la familia. Con una fortuita sonrisa que responde a un guiño amigable, con sabias palabras a los incautos oídos de tus amigas. Recitando de memoria Ave Marías para salvar al mundo, para apaciguar tu alma.

Te fijas en todo menos en mí… y es mejor así…
No puedo dejar de admirar la mujer que hay en ti,…
Aquella que olvida su rol y es para sí misma auténtica.

Jag