Publicado en Poesía, Un poco de Fe

Juntos.

Juntos.
La gracia del cielo resplandece en nuestras vidas, reflejada en la risa de nuestros hijos, en la forma que tomas mi mano al verme llegar, en la paz que me invade al estar en medio del hogar.

Te extraño.
Cuando estoy lejos de casa anhelando el regreso, conservando la calma a través de la oración, recreando momentos atesorados en el alma. Oyendo la alegría de mis hijos y tu voz de esperanza. Guíame pronto a casa.

Te quiero.
De mi alma a tu alma queda un beso de distancia, álgido, eterno, fugaz. Dádiva exacta para asegurar quedarme… para asegurar tenerte.
Un beso que sella el pacto antes jurado. Un beso que alimenta el alma y hace hogar.

Te amo.
Sin pedir nada a cambio, con ciega convicción y certeza. Te amo porque la vida nos colma, porque el hogar nos alimenta. Porque amar es puro por provenir del alma… y tu alma junto a la mía ahora son una sola alma.

Jag

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Publicado en Poesía

Salvaje

Tierra salvaje es tu corazón, atestado de frondosos árboles que ciegan la luz, enmarañado de ramas y lianas que me atosigan impidiendo mi paso.

Territorio de vida donde crece el más fuerte, donde vivir es lucha constante. Tierra encanta por naturaleza etérea que se esconde en remansos ocultos, donde brilla el sol tenuemente, recónditos parajes que no encuentras dos veces. 

Aquí no fluye el agua distribuyendo vida, ni el viento refresca los apretados paisajes; aquí se desbordan los ríos arrasando con lo débil, salpicando las laderas para qué la vida se aferre gota a gota.

Llueve impetuosa quebrando las copas de los árboles, llueve perenne para hacernos fuertes, sopla el viento arremolinado, atizando la ínfima chispa, llevándose todo con vida o sin ella.

Territorio de vida y constancia que me abrigo desde semilla, no dejaste que mis raíces se aferraran a tu tierra obligándome a crecer en una nueva. Tierra de vida que me da esperanza pero no me dejas habitarte.

 

Jag

Publicado en Letras muertas, Poesía

¿Qué siente el alma?

Aún no despertaba el día, el sol escalaba los cerros orientales entre el bullicio de noctámbulos que nunca se sabe si van o llegan a sus casas; la brisa de la madrugada intenta colarse por el borde de una ventana entre abierta en un cuarto donde la oscuridad reina; entre sombras resplandecen los ojos somnolientos de un alma que se está acostumbrando a noches de soledad y frío.

¿Y quién quiere despertar a un día que trae consigo tu distancia?, ¿Quién tiene la fuerza suficiente de sobrevivir a eternas horas de “sin ti”?…

Pasa los segundos que también se hacen eternos, como jugando con tu alma, comparándose con las horas a tu lado —que pasan fugaces — y aún no despiertas, y quisieras vivir allí donde renacen las flores con cada paso descalzos, donde nuestras manos nos cobijan y nuestro corazón late al unísono.

¿Y quién quiere dejar el manantial de paz para despertar a la vida?…

Pero así es vivir, igual la vida continua y quedarse allí a oscuras no ayuda a nuestro encuentro, después de tentar el destino y hacer una que otra peripecia llega el momento afortunado donde nuestras miradas se cruzan, sentimos el abrazo firme que enciende ese fuego que oculta nuestra alma, esa caricia furtiva por lugares prohibidos que nos recuerda lo cerca —y lo lejos— que estamos.

¿Y quién quiere despertar a ese momento que trae consigo tu presencia?, ¿Quién tiene la fuerza suficiente de desistir a un segundo de “ti”?…

Pasan las horas fugaces y en segundos es nuestra partida, el tiempo es efímero, se termina el sueño, se oculta el sol, todo se torna borroso y lúgubre, sueltas mi mano como derrotados por el destino, sellamos con un beso, que sí es eterno, ese instante de ensueño; cerramos nuestros ojos pretendiendo capturar por siempre nuestros momentos… y callamos….

¿Y es qué, quién quiere dejar el manantial de paz para despertar a la vida?…

Jag