Publicado en Poesía

Succŭbus

Tu aroma se esparce a medida que cae la noche e invades mi cuarto con susurros que calientan el ambiente.

Cierras mis ojos con tu aliento y me llevas al mundo de ensueño, me abrazas, me embelesas.

Rodeas mi cama en busca de un espacio sobre las sábanas, bajo mi cuerpo. En silencio.

Te deslizas suave, furtivamente por mi cuerpo, en las noches inquietas, cuando la luna se enciende, atizas mis pasiones.

Me dejas al alba sin hacer ruido, entreabierta la puerta, desnuda huyes por el pasillo.

—Cómo gusto tu presencia.

Jag

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Publicado en Poesía

Te confío

 

No calles el dolor que lleva tu alma. La sonrisa que dibujas en tu rostro desdice de la verdad de tus ojos, un secreto guardado a voces.

No aprisiones tus labios, que tu piel grita con angustia desaforada. No martirices más tu alma… Puedo no ser ayuda pero si consuelo.

Déjame aliviar tu carga, no me apartes de tu lado, no busques protegerme porque al final me haces más daño.

Dime tan sólo una palabra y no permitas que se aloje más dolor en ti.

…Siempre estoy para escucharte.

 

JAG

Publicado en Letras muertas, Poesía

Hermético.

No dejas que te ame, me rehúyes sin disimular. ¿Qué habita en tu mente que te hace tan hermético?

Dices mil palabras, perífrasis perfecta, reflejos vagos del ansia de tu alma. Voces con sentido que entre más me iluminan, más confunden mi razón. Giros abruptos de falsa indecisión; creo ciegamente en tus ojos, en tu voz… si tan sólo entendiera tu corazón.

Amarte, sencilla propuesta para un alma tan grande como la que te habita. Amarte, maquiavélica consigna en un corazón tan duro como el que proteges.

¿Son en vano mis esfuerzos cuando bajas la guardia y te haces asequible? o ¿soy víctima del azar en ese tu juego donde eres el tahúr?

No dejas que te ame, grabaste en tu ceño la palabra “prohibido”, dejaste perdida la llave de tus sentimientos para no arriesgarlos de nuevo. Decidiste cerrar los ojos al amor que te ronda, que te brindo.

No dejas que te ame por la excusa tonta de haber amado demasiado, porque agotaste las caricias y los besos, porque ya recitaste las últimas letras del poema que escribías con tu sangre.

Jag