Publicado en Hijas, Poesía

Extraño tu presencia

Te escucho corretear cerca de mí, entre risas y susurros que se desvanecen tras las puertas en los pasillos, en la sombra.

Te sigo fijamente con mis ojos, cerrados, donde puedo verte fiel a tu recuerdo en mi mente, donde te haces más brillante hasta cegarme.

Y pasa por mi lado acariciándome sutilmente con tu aroma, brisa de aire tibio y fresco como el que emana de la primavera. Y murmuras mi nombre entre música de hadas que me enamora.

Me distraes de la vida que existe lejos del resplandor que te envuelve, donde tu presencia es todo y nada hace falta.

Extraño tu presencia pero no tu esencia que está en mis cosas y las que dejaste, que está en la angustia y soledad que queda cuando abro los ojos.

Jag

Publicado en Poesía

Entrañables

Recuerdo con nostalgia el día de tu partida y cada una de las palabras que no te dije. Solté tu mano y te dejé dar la espalda, dejé que tu partida se quedara con el tiempo.

Perdí de vista tus ojos y me quedé con su brillo y el eco de tu voz vibrando en mi pecho, guardé con ahínco cada recuerdo conservé tu tacto, tu gusto, tu olfato.

Sé que no tengo pretexto para hablarte ahora, nuestras vidas tomaron rumbos opuestos. Crecimos con el tiempo soportando la ausencia, hasta que ésta lo cubrió todo y así hoy somos como extraños.

No tenemos pretexto para tomarnos de la mano, pero cuando se cruzan nuestros ojos se rompe el silencio; laberinto de imágenes que nos transportan el tiempo, renace la alegría en nuestro pecho, se reinventan los sueños.

Ahora sabemos, aunque parezca incierto, qué la distancia que se interpuso entre nosotros guardó los mejores recuerdos, que nos preparó para un nuevo encuentro.

Ahora sabemos que no hicimos nada para olvidarnos.

Jag

Publicado en Letras muertas, Poesía

Erótica

Sé del camino que descubre tu cuerpo, de rutas inciertas que revelan secretos, rutas que sigo con memoria táctil hasta que dejan rodar prendas por tu piel. 

Sé de recónditos pasajes que oculta el velo de tu blusa, camino de migajas las tiras del sostén, tierras templadas bajo el fondo de tu falda, bajo tu ropa íntima, a ras de tu piel que se cubre con deseo.

Lugares escondidos tras el pabellón de tu oreja, rizos de pelo que tiro con firmeza, que emiten señales de ayuda a tu cuerpo. Caminos angostos no más allá de la yema de mis dedos, caminos de tersura extrema que nacen en tus sienes y se pierden en tu escote.

Sé de los montes ornados con firmes pezones que coronan la tierra fértil que es tu cuerpo. Del inconmensurable valle que es tu vientre bañado en rocío, que se evapora en dulce aroma de seducción y de su música, de las notas que crea cuando vibra, cuando se estremece.

De otros lugares ocultos, secretos, perdidos, lugares sin explorar a lo largo de tu espalda, en el revés de tus brazos, en la punta de tus dedos al extremo opuesto del territorio de fuego. En los pliegues de tu ingle, en cada articulación.

Sé del jardín, delicadamente podado, que esconde el húmedo y tibio lugar donde nacen tus deseos y consumas los nuestros, monte venerado por bajas pasiones que nos ciegan.

Lugares cercanos al encuentro, sueños inconclusos, pasiones fallidas, caminos que recorremos de memoria y siempre nos sorprenden.

Sé de tormentas y alas rotas por las ventiscas que me arrastran al abismo de tu cuerpo.

JAG