Publicado en Poesía

Diosa de Amor

Ella es de mirada clara y serena, sus labios del néctar más exquisito, su sonrisa picaresca e insinuadora, ella, es simplemente bella.

Sus ojos no son verdes y no por ello despreciables; el café de sus ojos es profundo, sencillo e inigualable.

La perfección de su boca la hace incitadora y la belleza de sus labios, al sonreír, sólo es comparable con el bello oleaje del mar.

Tersa, pura y clara es su piel, que como pétalos en flor son el preludio de belleza interior. Toda ella es simplemente bella.

Sus caderas ondean cual palmera de cálida costa, que al ritmo del viento baila una dulce y suave tonada.

El verla desnuda, más que una excitación, es la contemplación de una Diosa de Amor. Saber que puedo fundirme en su tersa piel y hacerla toda mía, es el límite de toda imaginación.

Mis ojos se deslumbran ante su belleza, es indescriptible y las palabras no son suficientes para elogiarla. Mientras mis ojos vivan, mi voz sea eco en sus oídos, yo no dejaré de adorarte dulce Diosa de Amor.

Otro día sin mí.

Apagué las bullosas alarmas que parten la madrugada anunciando un día de estricto horario, sincronizado sabrá Dios con qué.

Decidí alejarme de la rigidez que ciñe tu camino, de tu obsesión con el orden, el tamaño, la simétrica disposición del mundo que nos rodea.

No vi noticias, ni debatí por un hecho trascendental o no, no busque justificación al libre albedrío que envuelve el mundo en caos.

Los grandes cambios se construyen con actos pequeños, pero una gota dulce no mella el mar.

…Me propuse a dejarlo todo y he fallado en el intento, son años de costumbres repetidas, sin variar por décadas.

Jag