Publicado en Poesía

La Fortaleza

Son mis cimientos tierra lodosa, hecha de ceniza y lágrimas, adobe de antiguos amores que se secan y hacen costra. Vastas columnas sostienen la muralla impenetrable que protege los vestigios  del lugar sagrado donde habitó el amor, rodeado por la fosa hecha con mis penas.

Pasillos por donde alguna vez fluyó alegría, son ahora estrechos y fríos, con luz de vela titilante y tenue. Interiores desolados llenos de recuerdos, interiores maltrechos que a diario se reparan.

Fortaleza hermética que a punta de tropiezos se fue haciendo fuerte, último paraje donde me siento a salvo. Alejado de todo, huyendo de la compañía.

Y llegas tú, mirando de lejos, buscando refugio, con la paciencia justa para ceder mi guardia y  penetrar mis linderos. Te posaste en mi patio hasta sanar tus heridas, abriste a la luz todos mis rincones, como contagiándome.

Y dejo yo, baja mi guardia y vuelvo a ceder a los encantos, dejo correr el aire fresco.

¿Qué juego macabro ideaste mientras sanabas?

¿Qué te llenó de ira?

Es mi corazón una muralla que ahora veo ceder ante tus ventiscas, temblar a tus temporales, crujir ante la ira con que arremetes, escudriñando sus recovecos para encontrar su lado vulnerable. Conquistadora implacable que destruye a su paso y se marcha así como llega.

Desde mi buhardilla, miro atento los estragos que deja tu partida, nada que sorprenda, nada que no tenga remedio. Y espero la mañana para reconstruir de nuevo.

Es mi corazón una fortaleza, es mi alma quien la habita, es mi voz quien la recorre, son mis pasos el recuerdo, son mis manos sin apoyo… es mi vida que te aleja.

Jag.

Publicado en Poesía

Un Sueño

La vida es un simple sueño en el que vivir no es nada.

Cuando sueñas, el día se confunde con la noche perdiendo la noción del tiempo, puedes gozar y triunfar, ser feliz o infeliz.

En un sueño, la tienes en tus brazos, la pierdes o la amas; la añoras eternamente porque todo en torno ella gira.

La vida en un momento se acaba y solo cuando sueñas construyes tu esperanza.

Jag

Publicado en Un poco de Fe

REDENCIÓN

Déjame tomarte de la mano, entregarme hincado, con mis dolencias a tus pies para sentirme sanado.

Déjame sentir tu aliento, junto a ti cabizbajo, con mi alma afligida para sentirme cobijado.

Déjame sanar el corazón, tan lastimado, para engrandecer tus dones con mi voz.

Déjame liberar mi mente, de nuevo inocente, para recibir sin dudar cualquiera de tus designios.

Déjame cerrar mis ojos, en tu presencia guiado, para así reconocer tus milagros.

Déjame callar mi boca, lengua de fuego, para consagrar tu nombre.

Déjame entregarte mi destino, complaciente, para que lo moldees como arcilla en tus manos.

Déjame seguir tus pasos, humillado a ti, con mi vida al descubierto para ser juzgado.

Déjame perdonarme y olvidarlo todo, manantial de agua turbia que renuevas, baña mis heridas con tus lágrimas.

Déjame ser guiado, postrado a ti, como tu instrumento, que magnífica tu Gracia y sana y salva…

Déjame volver a tu rebaño de donde nunca debí apartarme.

Jag